AUGUSTA ADA BYRON (1815 – 1852)

Me llamo Augusta Ada Byron, aunque el mundo me recuerda como Ada Lovelace. Nací en Londres en el seno de una familia noble. Fui la única hija legítima del famoso poeta Lord Byron y de la matemática Annabella Milbanke. Mi madre, a quien mi padre llamaba la «princesa de los paralelogramos», se aseguró de que recibiera una estricta educación científica y matemática para alejarme del temperamento tormentoso de mi progenitor.

En mis tiempos, la sociedad era profundamente patriarcal; las mujeres éramos consideradas meras observadoras y se nos negaba el acceso a universidades y bibliotecas. Tuve la suerte de contar con el apoyo de mi marido, William King, quien copiaba artículos para mí en las bibliotecas donde yo tenía prohibida la entrada.

Gracias a mi talento, fui instruida por mentes brillantes como Mary Somerville y el lógico Augustus De Morgan. A los diecisiete años conocí a Charles Babbage y quedé fascinada por sus ideas sobre máquinas de calcular. Mi gran contribución a la humanidad ocurrió en 1843, cuando traduje un artículo sobre la Máquina Analítica de Babbage y le añadí mis propias «Notas», que resultaron ser tres veces más largas que el texto original. En mi famosa «Nota G», describí un algoritmo paso a paso para calcular los números de Bernoulli, lo que me convirtió en la primera programadora de computadoras de la historia.

«Mi cerebro es algo más que meramente mortal, y el tiempo lo demostrará.»

A diferencia de mis contemporáneos, tuve una visión que anticipó el futuro por cien años: comprendí que estas máquinas no solo servirían para números, sino que podrían procesar música, letras e imágenes. Afirmé que la máquina solo puede hacer aquello que sepamos ordenarle, una idea que años después el gran Alan Turing discutiría. Fallecí muy joven, a los treinta y seis años, pero hoy mi nombre vive en el lenguaje de programación Ada y en
el corazón de la ciencia moderna.

Colección el duende Pepín

recursos

Letras Coeducativas

Pin It on Pinterest

Share This