CARMEN BAROJA (1883-1950)
Fui una escritora y etnóloga siempre conocida como la hermana de los famosos artistas Ricardo y Pío Baroja. Al igual que ellos, tenía inquietudes literarias, pero yo debía conformarme con la costura y la cocina…¡qué aburrimiento! Al menos, tuve la suerte de estudiar y recibir clase de música e idiomas. Nací en Pamplona a finales del siglo XIX en una familia burguesa. Pasé mi infancia viajando, por el trabajo itinerante de mi padre, hasta instalarme en Madrid. Me dediqué a la orfebrería artesanal, compartiendo un taller con mi hermano Ricardo. Se me daba bien, incluso llegué a conseguir algunas medallas por mis creaciones decorativas en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908. También me formé en etnografía y folclore.
Escribí artículos, catálogos y ensayos sobre estas temáticas como El encaje en España (1933) y Joyas populares y amuletos (1949). En 1906 viajé con mi hermano Pío a París, donde me nutrí de los ambientes más intelectuales y artísticos del momento. Yo lo que deseaba era independizarme con un oficio que no me atara a la subordinación de un marido pero, en mis tiempos, la presión de las mujeres hacia el matrimonio y la vida doméstica era tremenda. En 1913 me casé con Rafael Caro Raggio, un editor con el que tuve cuatro hijos. Mi obligación fue atender al hogar: fregar platos, cocinar y cuidar de mi familia.

«No tuve derecho más que a hacer mis labores domésticas y llevar la carga de muchísimas cosas»
En 1926 vi un escape a mi monótona vida de casada, cuando participé en la fundación del Lyceum Club, junto a la directora Maria Maeztu. Con mi cuñada Carmen Monné, fui hasta Londres para aprender cómo organizarlo, pues allí las Asociaciones de Mujeres y las ideas progresistas estaban muy adelantadas. Además, participé en la creación de la compañía de teatro El Mirlo Blanco, que acogía las representaciones de los más detacados dramaturgos. En 1934 fui nombrada miembro del Patronato del Pueblo Español, dedicándome a la investigación etnológica. Con la Guerra Civil, mi casa quedo destruida, y me refugié con mi familia en un pueblo de Navarra. Fue cuando escribí el cuento infantil que trata de un duende protector: Martinito, el de la Casa Grande (1942). Tras la contienda volví a trabajar en Madrid, en el Museo del Pueblo Español y como profesora de encaje en la Escuela de Artes y Oficios. Colaboré con el diario La Nación de Buenos Aires y continué el resto de mi vida escribiendo. Destacan algunas adaptaciones de las obras de Pío, como Las noches del Buen Retiro.
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Letras Coeducativas







