KATHARINE WRIGHT (1874 – 1929)
Nací en Dayton, Ohio. Aunque la historia suele recordar solo a mis hermanos Wilbur y Orville como los «padres de la aviación», yo fui la pieza invisible que mantuvo su sueño en el aire. En mis tiempos, el destino de una mujer estaba marcado por el cuidado de los demás. A los quince años, tras la muerte de mi madre, tuve que asumir la gestión total de nuestro hogar mientras mi padre viajaba por su trabajo en la iglesia. Sin embargo, yo ansiaba una vida propia.
Fui la única de los cinco hermanos que obtuvo un título universitario, graduándome en el progresista Oberlin College en 1898. Me convertí en profesora de latín y griego, pero mi destino estaba unido al genio de mis hermanos. Mientras ellos experimentaban en Kitty Hawk, yo dirigía su negocio de bicicletas, pagaba las facturas y gestionaba su correspondencia científica. Wilbur y Orville eran brillantes mecánicos, pero extremadamente tímidos y socialmente torpes. Yo aporté el «pegamento social» que necesitaban para triunfar.
En 1908, cuando Orville sufrió un terrible accidente que casi le cuesta la vida, dejé mi trabajo para cuidarlo día y noche; los médicos dijeron que sin mi atención no habría sobrevivido. En 1909, los acompañé a Europa. Allí me convertí en una celebridad internacional. Mientras ellos volaban, yo «cortejaba» a reyes y dignatarios, aprendí francés para negociar por ellos y me convertí en directora ejecutiva de facto de la Wright Company. Los tres fuimos galardonados con la Legión de Honor en Francia, siendo yo una de las pocas mujeres estadounidenses en recibirla. Incluso me atreveí a subir al cielo, convirtiéndome en una de las primeras mujeres de la historia en volar en un aeroplano.

«Si el mundo piensa que solo mis hermanos tenían el espíritu para volar, es porque no han visto la fuerza con la que yo sostuve sus pies sobre la tierra para que pudieran despegar.»
Pero no solo luché por la aviación. Fui una activa sufragista, organizando marchas de más de mil trescientas personas en Dayton para defender el derecho al voto femenino. Al final de mi vida, tras años de ser la «madre sustituta» de mis hermanos, decidí casarme con mi viejo amigo Henry Haskell. Orville, sintiéndose traicionado por mi deseo de independencia, dejó de hablarme y solo regresó a mi lado días antes de que la neumonía me arrebatara la vida en 1929.
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