MARÍA MOLINER (1900-1981)
Fui una bibliotecaria y archivera nacida en Zaragoza, a principios del siglo XX. Tuve la suerte de estudiar en la Institución Libre de Enseñanza, y con dieciocho años terminé el bachillerato en el Instituto General. Colaboré como filóloga y lexicógrafa en el Estudio de Filología de Aragón, aunque no pude obtener titulación oficial en estas disciplinas, pues no se impartían en la universidad. En 1921 me licencié en Historia, tras cursar la Licenciatura de Filosofía y Letras en la facultad de Zaragoza. Un año después, oposité y conseguí mi plaza en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, con destino al Archivo de Simancas (Valladolid). Continué mi trabajo en Murcia, donde conocí al catedrático Fernando Ramón Ferrando, con quien me casé y tuve cuatro hijos. En 1924 fui la primera mujer en impartir clases en la Universidad de Murcia. Con mi esposo me trasladé a Valencia, donde obtuve cargos de gran prestigio. Fue la época de la proclamación de la II República, cuando la democracia sustituyó a la monarquía de Alfonso XIII. Enseñé Literatura y Gramática, llegando a dirigir la biblioteca universitaria de Valencia. Colaboré con el Patronato de Misiones Pedagógicas, un proyecto republicano para extender la cultura, desarrollando una extensa red de bibliotecas rurales.

«si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: “¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!”
Escribí unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas (1937) y un Proyecto de Bases para la Organización de las Bibliotecas del Estado (1939). Tras la Guerra Civil, con la derrota de la República sufrí represalias por mi ideología liberal y tuve que volver a trabajar en el archivo de Hacienda de Valencia. En 1946 dirigí la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid hasta jubilarme en 1970. Durante quince años estuve trabajando en un apasionante proyecto: la elaboración de mi Diccionario de uso del español (publicado entre 1966 y 1967). Era innovador, en cuanto aportó diferencias con el de la Real Academia Española, por su utilidad pedagógica del idioma. En 1972 se propuso mi candidatura para ingresar en la Real Academia Española, pèro fui rechazada.
El argumento fue que no disponía de una titulación oficial de filología. Y es que una mujer… ¿cómo iba a ser admitida en tal institución… ?
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