MARUJA MALLO
(1904-1991)
FFui una pintora surrealista nacida en Viveiro (Lugo). Crecí en una familia acomodada; por ello, desde pequeña pude recibir una educación igual a la de mis hermanos. Conseguí ser la primera mujer matriculada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Allí conocí a Salvador Dalí, Federico García Lorca, Margarita Manso y Concha Méndez, artistas con los que forjé una gran amistad.
Formábamos parte de una nueva generación, inconformista con el sistema político-social, que reivindicábamos la igualdad de géneros en una sociedad que era muy clasista en mis tiempos. “Las Sinsombrero” éramos un grupo de mujeres vanguardistas, intelectuales y artistas de una “Generación del 27” femenina, que luchábamos por la independencia y por una educación igual que la de los hombres. Nuestras ideas innovadoras rompían con las normas estipuladas de la sociedad y de la cultura. Mi pintura surrealista refleja la libertad contra las reglas convencionales del mundo artístico. En mis obras como Ciclista y Mujer tenista (1927) o Mujer con cabra (1929) muestro a mujeres protagonistas, fuertes e independientes. Participé en la Escuela de Vallecas, impulsando las ideas innovadoras para renovar el arte español. Colaboré con mis ilustraciones en publicaciones como La Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset, quien en 1928 montó una exitosa exposición dedicada a mi trabajo.

«Tan sola no me has dejado, que estoy conmigo y me basta, igual que siempre lo he estado.»
En 1932 accedí a una beca de la Junta de Ampliación de Estudios y viajé a París, donde realicé mi primera exposición. Un año más tarde, regresé y formé parte la Sociedad de Artistas Ibéricos.
Durante la Segunda República (1933) trabajé como profesora de dibujo y colaboré en las Misiones Pedagógicas. Defensora de las ideas republicanas, al estallar la Guerra Civil y huyendo del franquismo, me exilié a Portugal y de ahí a otros países. Tras veinticinco años, pude volver a Madrid, pero mi obras habían sido destruidas y olvidadas. Retomé mis contactos y colaboraciones con los círculos artísticos, seguí pintando, asistiendo a conferencias y montando exposiciones. Durante años me dediqué a reconstruir mi arte, hasta conseguir la Medalla de Oro de Bellas Artes y el Premio de Artes Plásticas de Madrid en 1982. Fallecí en 1995, habiendo logrado un reconocimiento que fue silenciado incluso con la llegada de la democracia, pues eran “ellos” los que siempre aparecieron en nuestra Historia del Arte…
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