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ELIZABETH PHILPOT (1780-2857)

Nací en Londres a finales del XVIII, en una familia de buen nivel socieconómico. Tras el fallecimiento de mis padres, me fui a vivir con mis hermanas a Lyme Regis en Dorset, en las costas del sur de Inglaterra. Juntas explorábamos acantilados, coleccionando los fósiles que nos encontrábamos. Allí conocí a Mary Anning que, desde niña, fue mi gran compañera de aventuras en busca de tesoros enterrados.

Mary había descubierto que los fósiles contenían unas bolsas con tinta seca. Fue emocionante cuando conseguí recuperar la tinta fosilizada al mezclarla con el agua. Esta técnica de recuperación fue un importante hallazgo para el mundo de la ilustración.

Me especialicé en el estudio de los fósiles de peces y llegué a conformar una amplia colección de especímenes, que muchos científicos utilizaron para sus investigaciones. Por ello fue que empezaron a conocerme en los círculos de la paleontología y me relacioné con importantes geólogos del momento como William Buckland o Henry de la Beche.

 

«Era un coleccionista, no un buscador, y compraba sus conocimientos en lugar de adquirirlos con sus ojos y sus manos.»

Mis conocimientos fueron tan útiles para el estudio de los fósiles que incluso el prestigisoo paleontólogo Louis Agassiz nombró a una especie de pez fósil en mi honor: Eugnathus philpotae. Sin embrago, al igual que le sucedió a Mary Anning, yo tampoco pude ser admitida en la Sociedad Geológica de Londres, por ser mujer… ¡fui una figura injustamente olvidada en la historia de la paleontología!

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MARY ANNING (1799-2847)

Fui una paleontóloga del siglo XIX que no tuvo opciones a recibir ningún tipo de formación, con lo cual, todo lo que pude aprender lo hice de forma autodidacta. Nací en Lyme Regis (Inglaterra), en una familia pobre y de ideología protestante. Crecí entre los yacimientos costeros, ya que, junto con mi hermano, acompañábamos a mi padre a buscar fósiles para venderlos a coleccionistas.

En 1810 mi padre falleció por tuberculosis, y tuvimos que continuar explorando los acantilados, reuniendo piezas valiosas para la venta. Era la forma de conseguir algún ingreso en la familia. Fue en ese tiempo cuando mi hermano encontró el cráneo de un ictiosaurio. Emocionada, no dejé de buscar hasta que descubrí el resto del esqueleto de este impresionante espécimen, que captó la atención de los científicos. Conocí a Thomas Birch, un coleccionista de fósiles que nos ayudó económicamente organizando subastas.

Dediqué toda mi vida a explorar y llegué a encontrar grandes vertebrados como el primer esqueleto de un pterosaurio y el de un pez fósil llamado Squaloraja.

 

«El mundo me ha utilizado con tan poca consideración que me ha hecho sospechar de la humanidad en general.»

Fui ganando reputación en el mundo de la paleontología y llegué a compartir expediciones con reconocidos científicos como William Buckland o Richard Owen. Mis hallazgos llamaron la atención de los científicos, que publicaban mis descubrimientos, aunque mi nombre nunca aparecía en los artículos.

A pesar de mi gran competencia en geología, anatomía y paleontología, nunca fui admitida en la Sociedad Geológica de Londres, ya que a las mujeres no se nos permitía formar parte de la organización.

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MILEVA MARIĆ (1875-1948)

Fui una física matemática más conocida por ser la mujer del famoso genio Einstein que por mis investigaciones científicas. Nací en Titel (Serbia en la actualidad), a finales del siglo XX. Mi familia era de clase acomodada por lo que tuve la oportunidad de estudiar desde niña. En el instituto me gradué con las mejores notas. Pude matricularme en la Universidad de Zúrich para estudiar Medicina, con un permiso especial, ya que la educación superior era un espacio reservado para hombres. Me licencié en Física en el Instituto Politécnico Federal de Zurich, ¡fui la segunda mujer de la historia en conseguirlo! En 1896 conocí al famoso Albert Einstein, con quien estudié y compartí mi pasión por la ciencia, investigando las leyes de la Física.

Cuando me quedé embarazada tuve que abandonar mis estudios y no pude realizar el examen que me quedaba pendiente para conseguir mi doctorado.

Más tarde me casé y tuve dos hijos más. A pesar de mi dedicación al hogar y a la crianza, no dejé de trabajar con mi marido, investigando la teoría de la relatividad, el movimiento browniano y el efecto fotoeléctrico. 

En 1912 mi marido comenzó una relación con su prima, por lo que durante años nuestro matrimonio fue una tortura machista…

«tendrás que encargarte de que mi ropa esté ordenada; de que se me sirvan tres comidas al día en mi habitación»

Aunque nos separamos, no fue hasta 1919 cuando nos divorciamos oficialmente. Exigí en una cláusula que si Albert conseguía el Premio Nobel al que tanto aspiraba, me cedería parte de la dotación económica. Y lo consiguió en 1921, por el descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico. Lo que nadie sabía era que yo había participado en todas las investigaciones sobre “nuestras teorías”… Mientras el gozaba de todo el éxito y reconocimiento, yo me dediqué a cuidar de mis hijos, y a trabajar impartiendo clases particulares. Fallecí en 1948 y el recuerdo de mi nombre no fue más que “la primera mujer de Einstein”.

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MIRIAM STIMSON (1913-2002)

Nací en Chicago, en una familia numerosa y católica de principios del siglo XX. Desde niña tuve que ayudar a mi madre en la crianza de mis hermanos, ya que adolecían de enfermedades. Ese fue el motivo por el que, desde temprana edad, me interesé por los tratamientos médicos y desarrollé mi gran pasión por la investigación científica.

Ingresé en una academia religiosa en Michigan, bajo la dirección de las Hermanas Dominicas. Tras graduarme, trabajé en el centro como profesora. Mi vocación por la espiritualidad y mi fe me llevó a ingresar en una orden dominica donde tomé los hábitos como religiosa. Ser monja no me impidió continuar estudiando en la Universidad de Siena Heights y me licencié en Química. Continué impartiendo clases como profesora e investigando en mi laboratorio.

Me dediqué a estudiar los tratamientos contra el cáncer, la estructura del ADN y desarrollé un importante trabajo sobre espectroscopía infrarroja. Cuanto más aprendía más me convencía la idea de que la ciencia era un camino que me acercaba a conocer la naturaleza de Dios. La razón y la fe eran tan compatibles que me ayudaban a comprender el sentido de la existencia.

«El espíritu dominico de la búsqueda de la verdad era algo muy importante para ella, porque al llegar a conocer la verdad sabemos más acerca de Dios»

A partir de 1945 mis estudios fueron tan valiosos que se publicaban en prestigiosas revistas científicas, lo que me ayudó a relacionarme con importantes científicos. Mis investigaciones causaron interés a nivel internacional, incluso fui invitada a impartir una conferencia en la Universidad de la Sorbona de París tras Marie Curie.

Uno de mis mayores logros fue el desarrollo de un trabajo que sirvió para descubrir la estructura del ADN, mediante su análisis a través de una técnica que utilizaba el bromuro de potasio. James Watson y Francis Crick fueron científicos que descubrieron la estructura de doble hélice del ADN, por lo que les otorgaron el Premio Nobel de Medicina en 1962. Lo que no se contaba era que tal hallazgo fue posible gracias a mis investigaciones y las de otras científicas que, lejos de ser reconocidas, fuimos criticadas y olvidadas en la historia de la ciencia. Fallecí en 2002 sin haber sido reconocida por mi trabajo.

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ROSALIND FRANKLIN (1920-1958)

Fui una mujer científica del siglo XX que nací en Notting Hill (Londres, en una familia acomodada. Por ello pude estudiar en varias escuelas privadas y en el prestigioso Newnham College de la Universidad de Cambridge, donde me formé en Ciencias Naturales hasta conseguir graduarme. Poco después me ofrecieron trabajar en La Asociación Británica para la Investigación del Uso del Carbón.

Aunque las mujeres en mi época teníamos acceso al educación, alcanzar un doctorado era algo excepcional para nosotras. Con perseverancia y esfuerzo lo conseguí en 1945, con una tesis doctoral titulada La fisicoquímica de coloides orgánicos sólidos con referencia especial al carbón.

En París trabajé durante tres años como cristalógrafa de rayos X en el Laboratorio de Servicios Químicos del Estado, bajo la supervisión de Jacques Mering. Después volví Inglaterra para trabajar en el laboratorio del King’s College de Londres. Fue allí donde me dediqué a investigar a fondo la estructura molecular del ADN, que logré fotografiar mediante rayos X: ¡Fue la famosa fotografía Nº51!

 

«La ciencia y la vida cotidiana no pueden y no deben ser separados.»

Maurice Wilkins, mi compañero de laboratorio, la mostró a sus colegas Francisc Crick y James Watson. Gracias a ella pudieron demostrar la estructura helicoidal del ADN.

Y sí… ¡utilizaron mi gran descubrimiento para ganar el Premio Nobel! ¿Por qué no lo compartieron conmigo? ¡Hubiera sido lo justo!

Por mi parte, yo continué investigando; me trasladé al Birkbeck College y me centré en el estudio de las estructuras moleculares de los virus, que también sirvieron para los grandes avances científicos. No dejé de trabajar a pasear de padecer un cáncer de ovario, por el que fallecí con treinta y siete años.

 

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ANNA ATKINS (1799-1871)

Nací en Tonbridge (Inglaterra), en el seno de una familia burguesa. Me quedé huérfana de madre con solo un año. Fue mi padre, John George Children, quien se encargó de mi educación y me introdujo en el ámbito científico, algo inusual para las niñas de mi época. Él era un científico y zoólogo, con quien viajé por Europa aprendiendo y desarrollando mi vocación por la ciencia. En 1816, debido a problemas económicos, nos fuimos a vivir a Londres, donde mi padre llegó a ser el director del departamento de Historia Natural del British Museum. Trabajé con él durante años, aprendiendo del mundo de las plantas.

En 1822 desarrollé ilustraciones para la traducción del libro Historia Natural de los Animales Invertebrados, del famoso naturalista Jean-Baptiste Lamarck. Con veintiséis años me casé con John Pelly Atkins, pero a diferencia de las mujeres de mi sociedad, no me encasillé en mis tareas domésticas.

Me dediqué a estudiar botánica, construyendo herbarios, analizando y dibujando los ejemplares que investigaba. En 1939 participé en la Sociedad Botánica de Londres, ya que era la única institución científica a las que las mujeres podían acceder.

 

«La dificultad de hacer dibujos precisos de objetos tan pequeños como algas y confervas me ha inducido a aprovechar el bello proceso del Cianotipo de Sir John Herschel para obtener impresiones de tales plantas.»

En 1842 el astrónomo John Herschel, inventó un procedimiento fotográfico llamado cianotipia. Como era amigo de la familia, nos envió muestras de este trabajo. No dudé en aplicar esta novedosa técnica y recopilé cientos de fotografías de algas británicas utilizando el proceso del “Cianotipo”. Con ello publiqúe mi obra British Algae: Cyanotype Impressions (Algas británicas: impresiones en cianotipia). Fue el primer libro de imágenes fotográficas publicado hasta el momento, pero el reconocimiento de este hito fue asignado al botánico Henry Fox Talbot, quien inventó la técnica del calotipo y publicó su obra The pencil of nature (1844), considerado en mis tiempos como el novedoso libro que incorporó en sus páginas fotografías para ilustrarlo. La historia de la fotografía se olvidó de mi nombre, ya que las mujeres estábamos vetadas en las sociedades científicas. No fue hasta un siglo después que un historiador descubriera mi trabajo y me reconocieran como la primera fotógrafa de la historia.

 

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