maria-sibylla

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MARGARET KEANE

(1927-2022)

Fui una ilustradora científica del siglo XVII. Nací en Frankfurt (Alemania). Mi padre murió cuando era una niña, y fue mi padrastro, el pintor Jacob Merrell, quien me enseñó pintura y dibujo.
Siempre mostré curiosidad por insectos y plantas que fotografiaba para dibujarlas. “Al principio, partí con los gusanos de seda en mi ciudad natal. Me di cuenta de que las orugas producían bellas mariposas o polillas, y que los gusanos de seda hacían algo similar. Esto me llevó a coleccionar todas las orugas que podía encontrar, para ver cómo cambiaban”.
En mis cuadernos apuntaba todos los detalles que observaba durante la transformación de las orugas. Pinté las diferentes fases de la metamorfosis de las mariposas y publiqué mis primeras obras: Nuevo libro de flores (1675) y La oruga, maravillosa transformación y extraña alimentación floral (1679).

«La única aproximación fiable al estudio de los fenómenos naturales es a través de la observación»

Con dieciocho años me casé con el pintor Johan Andreas Graff, con quien tuve dos hijas. Pero muy pronto me divorcié y me trasladé a vivir a Ámsterdam, donde trabajé como ilustradora y maestra artesana. Siempre quise viajar para seguir investigando mi gran pasión, así que en 1699 tomé rumbo a Surinam. Durante dos años estuve pintando y estudiando nuevas plantas e insectos. Coleccioné un valioso registro sobre entomología y botánica. Cuando regresé a Europa expuse los resultados de mi investigación en una obra maestra: Metamorfosis de los insectos de Surinam (1705). Tuvo un gran éxito por su valor científico y por las aportaciones que supuso para la entomología. Sin embargo, no fui reconocida como merecía, ya que la ciencia era un ámbito dominado por los hombres. Continué impartiendo clases de dibujo y no dejé de pintar hasta que fallecí en 1717.

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MARGARET KEANE

(1927-2022)

Nací en Nashville, capital de Tennessee (Estados Unidos). Desde pequeña recibí clases de dibujo. Estudié diseño en Nueva York y me gustaba pintar ángeles con grandes ojos.
Tras tener una hija en un matrimonio fracasado, conocí al artista Walter Kane, quien se convirtió en mi segundo marido. Era un aficionado a la pintura y trabajaba como agente inmobiliario. Tras cerrar su negocio, se dedicó a vender los cuadros que yo pintaba, firmados bajo su apellido, y se interpretaba que él era el autor. Así aprovechó para adjudicarse la autoría. Yo me enteré con el tiempo de este engaño pero, aunque al principio él logró convencerme de que no desvelara la verdad, con el tiempo llegó a amenazarme de muerte si revelaba el secreto.
Mis obras eran retratos de personas y animales caracterizados por grandes ojos, que empezaron a venderse de forma masiva por millones de dólares en todo el mundo. Tal fue el éxito que, a lo largo de 1960, Keane cobró gran popularidad en los círculos artísticos, y llegó a relacionarse con importantes estrellas de Holiwood.

«Tan solo quería que el mundo supiera que esos eran mis cuadros.»

Mientras su fama crecía, yo pintaba sin descanso en el estudio, ya que las ventas se disparaban cada vez más. Aguanté diez años hasta que decidí divorciarme.

En 1970, intenté demostar mi autoría, pero Walter me tachó de mentirosa. Con el tiempo, Keane publicó en una entrevista que quise adueñarme de sus obras, y le demandé por difamación.

El juez nos pidió realizar un retrato en una sala para comprobar quién mentía. Yo pinté a un niño de enormes ojos tristes en menos de un ahora, pero él se negó a hacerlo alegando que tenía el hombro lastimado. Finalmente, gané el juicio con una cuantiosa indemnización que Walter nunca llegó a pagar…

 

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FRIDA KAHLO

(1907-1954)

Fui una pintora nacída en Coyoacán (México), en una numerosa familia. Mi infancia estuvo marcada por una enfermedad, poliomielitis, que afectó gravemente a mi pierna derecha. Siendo adolescente sufrí un trágico accidente de tranvía que me ocasionó múltiples fracturas, por lo que tuve que exponerme a cantidad de cirugías durante toda mi vida.
Estudié Medicina en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México. Mientras me recuperaba postrada en una cama, comencé a pintar autorretratos. Aunque recibí algunas clases de pintura, mi formación fue autodidacta. Me introduje en el mundo artístico y en ese círculo conocí al que fue mi marido, el pintor Diego Rivera. Viví un matrimonio inestable, marcado por continuas discusiones e infidelidades, junto a la frustración que sentía por las secuelas de mis lesiones, que me imposibilitaron ser madre.

«Yo, que me enamoré de tus alas, jamás te las voy a querer cortar»

Me desahogaba pintando; mis obras reflejan mi vida y mis sentimientos. Entre ellas destacan Hospital Henry Ford (1932), Las dos Fridas (1939) o La columna rota (1944). Rompen con estereotipos sociales, abordando temas comprometidos en mi época como la sexualidad, la maternidad o el aborto. Aunque mi pintura ha sido considerada surrealista, no estoy de acuerdo, ya que trato de plasmar mi vida, no mis sueños.

Defensora de las ideas revolucionarias, apoyé el Partido Comunista Mexicano. Defendí los derechos de las mujeres y de las personas indígenas. También reivindiqué la igualdad en un mundo artístico que privilegiaba a los hombres. En 1953 realicé una exposición en la galería de Arte Contemporáneo de Ciudad de México y, un año después, fallecí con cuarenta y siete años.

 

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MARIE BRACQUEMOND

(1840-1916)

FFui una pintora surrealista nacida en Viveiro (Lugo). Crecí en una familia Nací en Francia a mediados del siglo XIX, en unos tiempos caracterizada por la revolución de las mujeres sufragistas que luchaban por la igualdad de derechos. Desde niña recibí clases de pintura y desarrollé mi vocación por el arte. Con diecisiete años logré exponer mi obra en el Salón de Pintura y Escultura de París.

Seguí formándome con Jean Auguste Yngres, un reconocido pintor, participando en exposiciones y ganando reconocimiento, tanto que grandes personalidades me encargaban obras, como la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, o el conde de Nieuwerkerke.

En 1866 conocí a Félix Bracquemond, un ceramista con el que me casé. Tuve un hijo, Pierre Bracquemond; fue quien escribió mi biografía La Vie de Félix y Marie Braquemond. Adentrándome en los círculos vanguardistas conocí a prestigiosos artistas como Degas, Monet y Gauguin, que valoraban mi talento. En esa época, la pintura “propia de las mujeres” estaba encasillada en temáticas florales y bodegones. ¡Pero yo no quería pintar flores!

«No quiero pintar flores. Quiero trabajar en la pintura y expresar aquellos sentimientos que el arte me inspira”»

Contra el estilo tradicional y principios academicistas de la pintura, fui adoptando los criterios del Impresionismo. Me enamoré de esta corriente y comencé a pintar en el exterior, experimentando con la luz, el color y la pincelada libre. Yo admiraba a pintoras como Berthe Morisot o Mary Cassat, y quería seguir los pasos de ellas. En 1878 participé en una exposición con mi serie Las musas del Arte, y en 1880 presenté obras impresionistas como La Dama de Blanco o En la terraza de Sévres, que causaron gran admiración. Mientras mi éxito crecía, mi marido criticaba continuamente mi transformación artística y mi ruptura con los canones preestablecidos que él defendía. No soportaba mi aficción de pintar al aire libre, fuera del hogar. Tampoco le gustaba que me relacionara con los grupos impresionistas. Sus reproches y las continuas discusiones me obligaron a ceder, a limitar mis amistades y a conformarme con pintar en el interior de mi casa, que era “lo que debían hacer las mujeres”; hasta que me aburrí tanto que, cansada, me rendí. En 1980 dejé los pinceles para siempre…

 

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MARUJA MALLO

(1904-1991)

FFui una pintora surrealista nacida en Viveiro (Lugo). Crecí en una familia acomodada; por ello, desde pequeña pude recibir una educación igual a la de mis hermanos. Conseguí ser la primera mujer matriculada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Allí conocí a Salvador Dalí, Federico García Lorca, Margarita Manso y Concha Méndez, artistas con los que forjé una gran amistad.

Formábamos parte de una nueva generación, inconformista con el sistema político-social, que reivindicábamos la igualdad de géneros en una sociedad que era muy clasista en mis tiempos. “Las Sinsombrero” éramos un grupo de mujeres vanguardistas, intelectuales y artistas de una “Generación del 27” femenina, que luchábamos por la independencia y por una educación igual que la de los hombres. Nuestras ideas innovadoras rompían con las normas estipuladas de la sociedad y de la cultura. Mi pintura surrealista refleja la libertad contra las reglas convencionales del mundo artístico. En mis obras como Ciclista y Mujer tenista (1927) o Mujer con cabra (1929) muestro a mujeres protagonistas, fuertes e independientes. Participé en la Escuela de Vallecas, impulsando las ideas innovadoras para renovar el arte español. Colaboré con mis ilustraciones en publicaciones como La Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset, quien en 1928 montó una exitosa exposición dedicada a mi trabajo.

«Tan sola no me has dejado, que estoy conmigo y me basta, igual que siempre lo he estado.»

En 1932 accedí a una beca de la Junta de Ampliación de Estudios y viajé a París, donde realicé mi primera exposición. Un año más tarde, regresé y formé parte la Sociedad de Artistas Ibéricos.

Durante la Segunda República (1933) trabajé como profesora de dibujo y colaboré en las Misiones Pedagógicas. Defensora de las ideas republicanas, al estallar la Guerra Civil y huyendo del franquismo, me exilié a Portugal y de ahí a otros países. Tras veinticinco años, pude volver a Madrid, pero mi obras habían sido destruidas y olvidadas. Retomé mis contactos y colaboraciones con los círculos artísticos, seguí pintando, asistiendo a conferencias y montando exposiciones. Durante años me dediqué a reconstruir mi arte, hasta conseguir la Medalla de Oro de Bellas Artes y el Premio de Artes Plásticas de Madrid en 1982. Fallecí en 1995, habiendo logrado un reconocimiento que fue silenciado incluso con la llegada de la democracia, pues eran “ellos” los que siempre aparecieron en nuestra Historia del Arte…

 

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MARÍA ZAMBRANO

(1904-1991)

Fui una filósofa nacida en Vélez-Málaga, a principios del siglo XX, en el seno de una familia dedicada a la enseñanza. Cursé bachillerato en Segovia y estudios universitarios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid. Allí me relacioné con importantes pensadores de los círculos intelectuales de mi época. Mi tesis doctoral, La salvación del individuo en Spinoza, dirigida por el filósofo José Ortega y Gasset, defiende mi pensamiento liberal-democrático.Horizonte del liberalismo (1930) fue mi primer libro publicado. Cuando en 1931 se proclamó la Segunda República, yo trabajaba como docente en la Universidad Central y defendía las ideas republicanas escribiendo artículos en distintos periódicos. También ejercí como profesora en la Residencia de Señoritas y en el Instituto Cervantes.

Con la llegada de la Guerra Civil, en 1936, me casé con Alfonso Rodríguez Aldave, secretario de Embajada de España en Chile. Ambos apoyamos la causa republicana hasta su derrota. 

«Prefiero una libertad peligrosa a una servidumbre tranquila»

Fui nombrada Consejera de Propaganda y Consejera Nacional de la Infancia Evacuada y mi marido se incorporó al ejército. El régimen franquista me obligó exiliarme a Francia, México, Cuba y Puerto Rico, donde trabajé como docente en diversas universidades, impartiendo cursos y conferencias.Continué escribiendo e innovando en mis escritos, relacionando la filosofía con el sentido poético. Entre mis publicaciones filosóficas destacan Filosofía y poesía (1939), El hombre y lo divino (1955), Los sueños y el tiempo (1960) o Claros del bosque (1977). De mis escritos feministas, Delirio de Antígona o Eloísa o la existencia de la mujer. Tuvieron que pasar cuarenta y cinco años de exilio para que mis obras fueran reconocidas.

Fue en 1981 que regresé a España y me concedieron el “Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades”. En 1988 el Ministerio de Cultura de España me otorgó el Premio Miguel de Cervantes de Literatura, ¡fui la primera mujer en conseguirlo!

 

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